Trenes, conejos y chisteras

Crónica de los trenes de cercanías en la estación “Plaça Catalunya” y su mágica puntualidad

Acérquese, por favor. Acérquese y déjese asombrar por las maravillas del universo, las espectacularidades del mundo humano. Sólo le pido una cosa: toda su atención. Quiero que sus ojos y sus oídos me presten toda su atención. Acérquese. Más. Aún más. Ahora su tiempo es mío.

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El tren se va y los hombres vestidos como mellizos ya no están. Fotografía: Júlia Pérez Lema

Quiero que imagine, que se deje guiar por mis palabras. Imagine una estación subterránea, gris. Quiero que imagine unas escaleras de color crema apagado a sus pies y que, al bajarlas, imagine que se encuentra en medio del andén. A un lado, encuentra una vía; al otro lado, otra. Unos arcos a lado y lado de las vías muestran la estación de metro. Las mismas baldosas en el suelo, las mismas vías que se bifurcan y vuelven a unirse. Solo una franja roja en la pared las diferencia del tren. Pero este es un detalle sin importancia.

Imagine una estación. Una estación de un color gris oscuro, con unas columnas en medio del andén que no permiten ver que se esconde entre ellas. Ahora quiero que sus piernas avancen hacia delante y busquen donde sentarse. Quiero que observe los detalles, la gente de pie que espera en silencio la llegada de su vagón blanco y naranja. Avance, por favor. Avance y busque un lugar donde sentarse. Avance unos metros y vislumbrará unos bancos de metal. Siéntese y descubra que, por sorpresa suya, no están fríos bajo su piel.

El primer tren, fuera de servicio

Un tren fuera de servicio pasa de largo por la vía que se dibuja delante de usted. Después de él, una mujer con tejanos y una camiseta verde que le deja un hombro al descubierto se dirige a las escaleras. Discute por teléfono sobre el trabajo. La curiosidad le empapa y, al enfocar las columnas, se cruza con dos hombres vestidos a conjunto: jersey negro y tejanos y, los dos, con un maletín para ordenador en la mano izquierda. El que está de espaldas a la vía, recorre el bullicio de gente con la mirada sin dejar de prestar atención a la conversación del conocido. Encima de él hay una pantalla negra con letras rojas que anuncian “2min Ripoll”.

Esboce la llegada del tren, cómo frena a diez metros de su banco. Una mujer que estaba sentada a su lado se levanta y, en su lugar, se deja caer un hombre que se cubre la cara con las manos. El tren se va y los hombres vestidos como mellizos ya no están. Al lado del hombre se deja caer con gracilidad una joven con una camiseta morada y un bolso de Bimba & Lola de color beige. Sostiene su móvil en la mano y sigue chateando por el Whatsapp.

¿Sigue conmigo? Imagine que llega un tren. Por su derecha se oye un traqueteo que proviene de una estación de la cual se vislumbran luces al final del túnel. Se levantan dos mujeres con pañuelo en la cabeza y la chica de Bimba & Lola. Los hombres vestidos como mellizos reaparecen para subir al tren. Al poco de llegar, el tren cierra sus puertas dobles y sigue su trayecto.

1min Mataró”. Ahora dibuje con su mente a un hombre de zapatos lustrados y americana gris parado al borde de la vía. Imagine en su brazo una Tablet y una carpeta. Imagínelo andando de izquierda a derecha, balbuceando mientras mira a lado y lado. Llega el tren.

Imagine, a su izquierda, una mujer salida del Desigual. Desenvuelve sus auriculares y los conecta a la Tablet para reproducir capítulos de una serie de Fox. A su derecha, una mujer rubia de ojos barnizados de azul guarda las gafas de sol mientras sostiene una bolsa de Mandarina Duck. Coge el móvil con la mano izquierda y, con la derecha, recorre su Samsung. ¿La puede ver? Ahora, la mujer Desigual se desplaza un sitio y, en su lugar, se sienta una mujer con una nevera del BBVA. En su falda deja su bolso rojo y una carpeta azul, donde deja caer los brazos y chatea con Maria. Un tren entra en la estación y el metro anuncia su llegada con los chirridos de los frenos.

A continuación, represente un hombre con gafas de pasta traslúcidas; con tejanos, camisa, chaqueta y una maleta de piel marrón que le hace pensar que es un profesor. La mujer del BBVA se mueve hacia la izquierda y una mujer con una maleta se deja caer a su lado. Cuando ha dejado reposar todas sus cosas, saca el móvil del bolso y curiosea el muro de su Facebook.

Última estación, Manresa

Sienta una melodía de sonidos metalizados. La mujer de mirada azulada descuelga el móvil; es su hija. Hoy no ha podido ir a trabajar porque se encontraba indispuesta. En lugar de eso, ha ido a buscar a su pequeña al salir del colegio, acción que casi nunca puede hacer ya que su horario de trabajo no se lo permite. Cuando el tren con dirección a Manresa llega, la abuelita y la mujer desigual suben a uno de los vagones y se pierden en la oscuridad de los túneles que pasan por debajo de la ciudad de Barcelona. Son las seis menos cuatro minutos de la tarde.

Por favor, imagine. Imagine que a su derecha se desliza una mujer de pantalones anaranjados. Se sienta con suavidad y sus extremidades empiezan a marcar el ritmo de una melodía inaudible. Imagine como cierra los ojos y su cabeza se mueve de forma sinuosa mientras se sumerge a las ondas de sus auriculares. Al rato, se friega los ojos con las manos y sonríe, observa el túnel por donde llegará su tren y cambia de canción. Se quita el pañuelo que le rodeaba el cuello y lo mete en el bolso. Llega su tren.

En su lugar, se sienta un hombre con tejanos y camiseta negra. Mientras escucha música, saca un libro de tapa neutra de una bolsa de Casa del Libro y sigue su lectura. A su izquierda, esboce una mujer rubia con camisa blanca y bambas negras que hace sudokus con posado pensativo. El chico de negro mira el reloj.

“Sólo un 58% de los trenes de cercanías de Barcelona llegan puntuales según el gobierno”

Al cabo de un rato, llega el tren de cercanías R4 hacia Terrassa. Puntual. Son las seis y trece minutos de la tarde.

Damas y caballeros. Niños y niñas. Quiero que se acerquen más, aun más. Porqué cuanto más cerca estén, cuanto más tiempo me presten, mejor les podré engañar. El tren ha llegado puntual y, según el gobierno, sólo un 58% de los cercanías de Barcelona lo hacen. El conejo ha salido de la chistera.

Autor: Júlia Pérez Lema

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